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La historia expansiva de Joseph Pilates y de su método de ejercicios no habría sido posible sin la influencia indispensable de su esposa, Clara Pilates. Cuando la joven enfermera alemana conoció a Joe en un barco cruzando el Atlántico camino a Nueva York en 1923, él ya comenzaba a ser algo conocido por su concepto de una buena forma física. No obstante, de muchas maneras, fue ella quien pavimentó el camino para que la “Contrología”, como era llamada, se volviera la industria millonaria de Pilates de la actualidad.”.
Sin embargo, infelizmente, a pesar de que Clara siempre recibió el crédito por haber sido el brazo derecho de Joe tanto en la vida como en el trabajo entre aquellos que trabajaban con ellos en el estudio de Manhattan, muchos detalles, tanto de su contribución como de su vida, se perdieron.
Entre las centenas de clientes con los que trabajó, tuvo una relación especial con el bailarín y coreógrafo Ron Fletcher. Después de entrenar con Joe y Clara, a mediados de la década del 40, Fletcher volvió al estudio en 1967 como parte de su tratamiento de rehabilitación de alcoholismo. Allí trabajó exclusiva y diariamente con Clara (Joe no estaba suficientemente bien como para enseñar y murió más tarde en aquel mismo año).
Aquellas sesiones inspiraron Fletcher para abrir su propio estudio en Beverly Hills en 1971. “Ella fue simplemente una de las almas más gentiles y amables que tuve la oportunidad de conocer”, dijo. Según Fletcher, Clara daba una contraposición importante a Joe. “Ella era la diseminadora”, recuerda. “ella poseía un ojo de águila (aguzado) extraordinario y tenía mucho más paciencia que Joe. A veces muchos clientes no conseguían entender lo que Joe decía y después de algunas tentativas él perdía la paciencia, decía “¡Ach! Y salía pisando fuerte. Era siempre Clara quien se aproximaba y decía “Vea, yo le muestro”, y gentil pero firmemente colocaba al cliente en la posición correcta”.
Kathy Grant, otra instructora que estudió con Joe y Clara, observó como la dinámica de la relación de ellos frecuentemente dependía de la fuerza de ella en vez de la de él. “Había momentos en que Joe se deprimía por no conseguir atención para sus ideas y las cosas se ponían más difíciles en el estudio”, dice Grant. “Y uno la veía confortándolo y diciéndole, “No te preocupes, Papa, todo se arreglará, se arreglará”.
Clara, sin embargo, no era tímida ni servil con su marido. “Clara no era débil – simplemente, ella vino de Alemania en una época en que la mujer estaba siempre a cinco pasos atrás del marido”, dice Fletcher, que guardó muchas de las cartas que recibió de Clara hasta su muerte en 1977. “Ella acataba Joe, pero era muy fuerte, como Joe no era realmente un emprendedor, no tenía idea de como dirigir el estudio como un negocio, entonces ella hizo lo necesario después de su muerte, para mantenerlo en funcionamiento. Joe plantó las semillas, pero fue Clara quien cuidó del jardín para que las flores se abrieran”.
Fuente: Revista Pilates Style- reportaje Regina Joseph. www.pilatestyle.com
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